En resumen Los antihistamínicos son medicamentos que bloquean los receptores de histamina, la sustancia responsable de la mayoría de los síntomas alérgicos. Los de segunda generación dan mucho menos sueño que los de primera, como la difenhidramina, y duran 24 horas. En Argentina, los de segunda generación más usados son cetirizina, loratadina, desloratadina, fexofenadina y bilastina, todos de venta libre en comprimidos. Controlan el síntoma pero no modifican la causa; si los necesitás casi todos los días durante meses, conviene consultar con un alergista.
Los tomás cada vez que te agarra alergia, pero probablemente nunca te pusiste a pensar qué hacen exactamente en tu cuerpo. Te lo explicamos simple, y de paso te ordenamos qué opciones hay disponibles en el país.
Puntos clave
- Los antihistamínicos bloquean la acción de la histamina, la sustancia responsable de la mayoría de los síntomas alérgicos.
- Se dividen en primera y segunda generación — hoy se prefieren casi siempre los de segunda, por dar mucho menos sueño.
- Existen en formato oral, nasal y oftálmico, según dónde estén los síntomas.
- Controlan el síntoma, pero no modifican la causa de la alergia ni “curan” nada de forma definitiva.
- Son, en conjunto, algunos de los medicamentos de venta libre más vendidos de Argentina, especialmente entre agosto y diciembre.
¿Qué son los antihistamínicos?
Son medicamentos que bloquean los receptores de histamina en el cuerpo. La histamina es la sustancia que liberan los mastocitos —células del sistema inmune presentes en la piel, la mucosa nasal, los pulmones y el tubo digestivo— durante una reacción alérgica, y es la responsable directa de la picazón, los estornudos, las ronchas y la inflamación que sentís en cuadros como la rinitis alérgica o la urticaria.
El médico canadiense William Osler, considerado uno de los padres de la medicina moderna, solía repetir que “el buen médico trata la enfermedad; el gran médico trata al paciente que tiene la enfermedad” — una idea que se aplica bien acá: no existe “el mejor antihistamínico” en abstracto, existe el que mejor le funciona a cada persona según su cuadro puntual.
¿Qué es la histamina y por qué el cuerpo la libera?
La histamina no es, en sí misma, algo “malo”. Es una molécula que el cuerpo produce y almacena de forma natural, y que cumple funciones normales en la regulación del sueño, la digestión (participa en la producción de ácido gástrico) y la respuesta inmune frente a agentes realmente peligrosos, como parásitos o toxinas.
El problema aparece cuando el sistema inmune identifica erróneamente a una sustancia inofensiva —polen, ácaros, una proteína de un alimento— como una amenaza. Ahí, los mastocitos liberan grandes cantidades de histamina de forma súbita y localizada, generando los síntomas típicos: vasos sanguíneos que se dilatan (enrojecimiento), terminaciones nerviosas que se activan (picazón), y aumento de la permeabilidad capilar (hinchazón, ronchas).
¿Cómo funcionan los antihistamínicos?
Cuando el cuerpo entra en contacto con un alérgeno al que está sensibilizado, la histamina liberada se une a receptores específicos (llamados H1) presentes en distintos tejidos: la piel, la mucosa nasal, los ojos, los bronquios. Ahí es donde produce los síntomas. Los antihistamínicos H1 —que son, en la práctica, a los que casi siempre nos referimos cuando hablamos de “antihistamínicos para la alergia”— ocupan esos receptores sin activarlos, bloqueando el efecto de la histamina antes de que llegue a manifestarse. No destruyen la histamina ni evitan que se libere; simplemente le tapan la puerta de entrada.
Existen también los antihistamínicos H2, que actúan sobre otro tipo de receptor y se usan principalmente para reducir la acidez gástrica (como en el reflujo), no para tratar alergias — vale la pena mencionarlo porque a veces genera confusión cuando aparecen en el mismo prospecto o góndola de farmacia.
¿Qué diferencia hay entre antihistamínicos de primera y segunda generación?
| Primera generación | Segunda generación | |
|---|---|---|
| Ejemplos | Difenhidramina, clorfeniramina | Cetirizina, loratadina, desloratadina, fexofenadina, bilastina |
| Somnolencia | Frecuente y marcada | Mínima o nula |
| Duración | 4–6 horas | 24 horas |
| Atraviesa la barrera cerebral | Sí, por eso da sueño | Mínimamente |
| Uso hoy | Casos puntuales, alergias nocturnas | Primera opción para uso diario |
La diferencia clave está en qué tanto atraviesan la barrera hematoencefálica, la estructura que protege al cerebro de sustancias circulantes en la sangre. Los de primera generación la cruzan con facilidad y bloquean también receptores de histamina presentes en el cerebro —que ahí sí cumplen un rol en mantenernos despiertos—, de ahí la somnolencia marcada. Los de segunda generación fueron diseñados específicamente para minimizar ese cruce, concentrando su efecto en el cuerpo y no en el sistema nervioso central.
Un poco de historia
El primer antihistamínico con uso clínico real se desarrolló en la década de 1940, y durante décadas la sedación se consideró casi un “efecto secundario inevitable” del tratamiento de la alergia. Recién a fines de los años 80 y durante los 90 llegaron los antihistamínicos de segunda generación, un salto que cambió radicalmente la calidad de vida de millones de personas que hasta entonces tenían que elegir entre convivir con los síntomas o pasar el día adormecidas. Hoy, en pleno 2026, algunos laboratorios incluso hablan de una “tercera generación” para ciertas moléculas más nuevas, aunque la diferencia práctica con la segunda generación suele ser marginal para la mayoría de los pacientes.
¿Cuáles hay disponibles en Argentina?
Los de segunda generación más usados en el país son la cetirizina, la loratadina, la desloratadina, la fexofenadina y la bilastina, todos de venta libre en presentación de comprimidos, y varios con jarabe o gotas pediátricas. La elección entre ellos depende en gran medida de la respuesta individual — no todos funcionan igual de bien en todas las personas, aunque el mecanismo de acción sea el mismo. Ver comparación completa de pastillas para la alergia →
También existen combinaciones de antihistamínico con corticoide (por ejemplo, loratadina con betametasona), reservadas para indicación médica puntual en brotes más intensos, y que no deben usarse de forma continua sin supervisión, ya que suman el riesgo asociado al uso prolongado de corticoides.
Antihistamínicos orales, nasales y en gotas oftálmicas
Además de los comprimidos orales, existen antihistamínicos en spray nasal (para congestión y picazón localizadas en la nariz) y en gotas oftálmicas (para conjuntivitis alérgica). Estos formatos actúan de forma localizada, con mucha menos exposición general del cuerpo al fármaco que la vía oral, y suelen combinarse con el antihistamínico oral cuando los síntomas están repartidos entre varias zonas —nariz, ojos, piel— al mismo tiempo.
Embarazo, lactancia y adultos mayores
El uso de antihistamínicos durante el embarazo y la lactancia debe ser siempre evaluado por el médico tratante, ya que la información de seguridad varía según la molécula específica. Lo mismo aplica a los adultos mayores, donde algunos antihistamínicos de primera generación pueden generar efectos más marcados (confusión, retención urinaria, sequedad excesiva) que en personas más jóvenes. Ninguna de estas situaciones es motivo para automedicarse “por las dudas” ni para evitar el tratamiento sin consultar — ambos extremos pueden no ser lo mejor para la persona.
¿Qué interacciones y precauciones tienen los antihistamínicos?
Aunque los antihistamínicos de segunda generación tienen un perfil de seguridad muy bueno, pueden interactuar con otros medicamentos que tomes de forma regular, y algunos jugos de fruta (como el de pomelo) pueden alterar la absorción de ciertas moléculas. Es importante informar siempre a tu médico o farmacéutico sobre toda la medicación que estás tomando, incluidos suplementos, antes de sumar un antihistamínico nuevo a tu rutina diaria.
¿Qué no puede hacer un antihistamínico?
Vale la pena decirlo con todas las letras: un antihistamínico controla el síntoma mientras está en el organismo, pero no modifica la causa de la alergia ni “entrena” al sistema inmune para dejar de reaccionar. Si necesitás tomarlos casi todos los días durante meses, eso en sí mismo es información valiosa — probablemente valga la pena investigar la causa de fondo con un alergista, en lugar de sostener el síntoma tapado indefinidamente.
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Preguntas frecuentes
¿Los antihistamínicos son todos iguales?
No. Aunque comparten mecanismo de acción, difieren en velocidad de efecto, duración y perfil de somnolencia. La mejor opción depende del cuadro y de la respuesta individual de cada persona.
¿Puedo tomar antihistamínicos todos los días?
Los de segunda generación son generalmente seguros para uso diario bajo indicación médica, pero si los necesitás de forma constante durante meses, conviene consultar a un alergista para buscar la causa de fondo.
¿Sirven para la anafilaxia?
No como tratamiento principal. La anafilaxia requiere adrenalina de inmediato; los antihistamínicos pueden usarse solo como complemento, nunca en su reemplazo.
¿Por qué algunos me dan más sueño que otros, si son todos “de segunda generación”?
Dentro del grupo hay diferencias sutiles en cuánto atraviesa cada molécula la barrera cerebral. La cetirizina, por ejemplo, produce algo más de somnolencia en algunas personas que la fexofenadina o la loratadina, aunque las tres se consideran de segunda generación.
¿Puedo tomar un antihistamínico y después manejar o estudiar?
Con los de segunda generación, la mayoría de las personas puede hacerlo sin problema. Aun así, la primera vez que probás una molécula nueva conviene prestar atención a cómo te sentís antes de asumir que no te va a dar sueño.
Esta información tiene fines educativos y no reemplaza la consulta médica ni farmacéutica.
Fuentes: ANMAT (vademécum de medicamentos de venta libre en Argentina), Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC), ARIA Guidelines.


